sábado, 27 de noviembre de 2010

#57: Otro Cristo

Pasada la infancia y entrada la adolescencia llega en punto en el camino de tu vida en el que comienzas a ver claro que existen varios caminos por los que puedes conducirte.  No me refiero a escoger carrera o profesión sino a una elección más fundamental;  la opción fundamental por Cristo.

La opción fundamental por Cristo es una elección libre que puedes hacer una vez que has tenido la experiencia del amor de Jesucristo.  Esta elección libre consiste en creer, aprender y modificar tu comportamiento para que cada día, poco a poco te transformes en otro Cristo para tus hermanos.  Como escribió San Pablo en su carta a los Gálatas: y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí: la vida que sigo viviendo en la carne, la vivo en la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí.[1]


Ya desde el Antiguo Testamento podemos encontrar pasajes que nos motivan a tomar esta opción fundamental por Dios.  En la lectura que incluyo hoy del libro del Deuteronomio, estas motivaciones son expresadas en tono negativo para que nos queden más claras las posibles consecuencias de vivir nuestra vida de espalda a Dios.  Te invito a hacer una pausa para ponernos en presencia de Dios y a pedir luz al Espíritu Santo antes con continuar con la lectura de la Palabra de Dios.


Amenazas de maldición
15 Pero si no escuchas la voz del Señor, tu Dios y no te empeñas en practicar todos los mandamientos y preceptos que hoy te prescribo, caerán sobre ti y te alcanzarán todas estas maldiciones:
16 Maldito serás en la ciudad y maldito en el campo.
17 Maldita será tu canasta y maldito el recipiente donde amasas tu pan.
18 Malditos serán el fruto de tus entrañas y el fruto de tu suelo, las crías de tus vacas y los partos de tus ovejas.
19 Maldito serás al entrar y maldito al salir.
20 El Señor enviará contra ti la maldición, el pánico y el fracaso sobre todas tus empresas, hasta que seas exterminado y desaparezca rápidamente, a causa de tu mal proceder, por haberme abandonado.
21 El Señor hará que se te contagie la peste, hasta que seas eliminado de la tierra que vas a tomar en posesión.
22 El Señor te castigará con tisis, fiebre, inflamación, ardores, aridez, quemadura y pulgón que te hostigarán hasta que desaparezca.
23 El cielo sobre tu cabeza será de bronce, y la tierra bajo tus pies será de hierro.
24 En lugar de lluvia, el Señor enviará polvo a tu tierra, y sobre ti caerá arena desde el cielo, hasta que seas exterminado.
25 El Señor te hará caer derrotado ante tus enemigos: saldrás a atacarlo por un camino y por siete caminos huirás de ellos; y todos los reinos de la tierra sentirán horror de ti,
26 Tus cadáveres serán pasto de todas las aves del cielo y de todos los animales de la tierra, y no habrá nadie que los espante.
27 El Señor te herirá con forúnculos de Egipto, con tumores, sarna y tiña, de los que no podrás curarte.
28 El Señor te castigará con locura, ceguera y delirio,
29 y andarás a tientas en pleno día, como anda a tientas un ciego, envuelto en la oscuridad. Nunca verás realizados tus proyectos: serás oprimido y despojado constantemente y nadie saldrá en tu defensa.
30 Te casarás con una mujer y otro gozará de ella. Construirás una casa y no la habitarás. Plantarás una viña y no recogerás sus frutos.
31 Tu buey será degollado delante de tus ojos y no lo podrás comer. Tu asno será arrebatado de tu misma presencia y no te lo devolverán. Tus ovejas serán entregadas a tus enemigos y nadie saldrá en tu defensa.
32 Tus hijos y tus hijas serán entregados a otro pueblo; y tu vista se consumirá de tanto mirar hacia ellos, pero no podrás hacer nada.
33 Un pueblo que no conoces comerá el fruto de tu suelo y todo el producto de tus fatigas. Serás oprimido y explotado constantemente,
34 hasta volverte loco a causa de lo que verán tus ojos.
35 El Señor te herirá con forúnculos malignos e incurables en las rodillas y en las piernas, desde la planta de los pies hasta la cabeza.
36 El Señor los deportará, a ti y al rey que hayas puesto para que te gobierne, a una nación que ni tú ni tus padres conocían, y allí servirás a otros dioses, dioses de maderas y de piedra.
37 Entonces serás motivo de consternación y de burla en todos los pueblos adonde el Señor te conduzca.
38 Sembrarás en tus campos mucha semilla, pero cosecharás muy poco, porque la devorará la langosta.
39 Plantarás viñas y las cultivarás, pero no podrás beber ni almacenar el vino, porque se las comerá el gusano.
40 Tendrás olivares en todo tu territorio, pero no podrás ungirte con aceite, porque se caerán las aceitunas.
41 Tendrás hijos e hijas, pero no te pertenecerán, porque serán llevados cautivos.
42 Los insectos arrasarán con todos tus árboles y con todos los frutos de tu suelo.
43 El extranjero que viva en tu país subirá cada vez más alto mientras que tú caerás cada vez más bajo.
44 El será tu acreedor, y tú, su deudor; él estará al frente, y tú detrás.
45 Todas estas maldiciones caerán sobre ti, te perseguirán y te alcanzarán hasta exterminarte, por no haber escuchado la voz del Señor, tu Dios, observando los mandamientos y los preceptos que él te prescribió.
46 Ellas estarán siempre sobre ti y sobre tus descendientes, como una señal y una advertencia.[2]

Reflexión.

Pienso en las personas que viven en la cárcel, separados de sus familias, privados de su libertad.  No disfrutan su casa, ni la compañía de su esposa ni la alegría de sus hijos.  No disfrutan los bienes que acumularon de una forma u otra.  Tanto lo que compraron legítimamente como lo que robaron, todo se les ha quitado pues ahora viven en una celda.

Pienso en los enfermos de sida y de otras enfermedades transmitidas sexualmente.  Sus expectativas de vida se han reducido y sus expectativas de convivencia sexual con una pareja se han reducido más aún.

Pienso en los adictos que diariamente se exponen a todo tipo de peligros al conducir en estado de ebriedad o al ser blanco fácil para ladrones.  Sus familias no tienen suficiente dinero para cubrir sus necesidades básicas y si lo tienen sufren la ausencia prolongada del adicto.

Las maldiciones son consecuencia de tu estilo de vida, tú mismo te las provocas.  La falta de higiene, de ejercicio, de una alimentación correcta y de una vida ordenada te trae consecuencias negativas para tu calidad de vida; pero también Dios es Padre y tiene interés en corregirte para que endereces tu camino y te salves, a fin de poderte dar una abrazo eterno.

Así como los papás reflexionamos acerca de los castigos que puedan tener mejor resultado según la personalidad de cada hijo, así Dios sabe cómo llamar nuestra atención de la forma más eficaz.  Piensa en los males que hay en tu vida como una especie de retroalimentación de parte de Dios.  Aprovecha cada mal y cada sufrimiento para reflexionar hasta que punto eres otro Cristo y en qué aspectos de tu vida no lo eres.

Pidamos por último a la Santísima Virgen María que tuvo el privilegio de ser Madre del Niño Jesús que nos enseñe a crecer en sabiduría edad y gracia.[3]

Gracias por hacer esta reflexión conmigo.  Aquí se te aprecia y se te ama en Jesucristo.  Tú eres el motivo de mi blog.  Que Dios te bendiga.

[1] Gal, 2, 20
[2] Deut, 28,  15 - 46
[3] Lc, 2, 40

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