martes, 3 de enero de 2023

#229 Oración de súplica.

La oración de súplica es la más común de las plegarias pero no por eso vamos a dejar de suplicar a Dios por lo que necesitamos.  Si bien Dios ya sabe aquello que necesitamos aún antes de que se lo pidamos, no por ello dejaremos de orar. Rezaremos con perseverancia y constancia puesto que la oración hace mucho bien al alma y no dejaremos que la pereza nos prive de mucho bien.


Esta reflexión está basada en el Salmo 142.  Te recomiendo hacer una oración al Espíritu Santo antes de continuar con la lectura.


SALMO 142

1 Poema de David. Cuando estaba en la cueva. Oración.

2 Invocaré al Señor con toda mi voz,

con toda mi voz suplicaré al Señor;

3 expondré mi queja ante él,

expresaré mi angustia en su presencia.

4 Ya se me acaba el aliento,

pero tú conoces mi camino:

en la senda por donde voy

me han ocultado una trampa.

5 Miro a la derecha, observo,

y no hay nadie que se ocupe de mí;

ya no tengo dónde refugiarme,

nadie se interesa por mi vida.

6 Por eso clamo a ti, Señor, y te digo:

«Tú eres mi refugio,

mi herencia en la tierra de los vivientes».

7 Atiende a mi clamor,

porque estoy en la miseria;

líbrame de mis perseguidores,

porque son más fuertes que yo.

8 Sácame de la prisión,

y daré gracias a tu Nombre:

porque los justos esperan

que me concedas tu favor.


Puntos de reflexión


  1. Dios es mi refugio.


El poder de Dios te puede proteger contra daños materiales y espirituales.  Las fuerzas más terribles y temibles palidecen ante el poder de Dios. Dios puede apaciguar cualquier cosa que te amenace. Por eso Dios es refugio.


  1. Dios es mi herencia.


La riqueza de Dios es infinita. La abundancia de sus bendiciones no tiene fin. Es preferible tener a Dios que a las cosas. Si tengo que escoger, escojo a Dios.


  1. La fe es el verdadero superpoder.


Hoy en día hay muchas historias de superhéroes, supervillanos, magos y brujas.  Todo eso es entretenimiento y fantasía.  El verdadero superpoder es la fe.  Con la fe podemos lograr cosas extraordinarias y ser testigos de milagros. Ten fe.  Ante todo problema primero recurre a Dios y en muchas ocasiones con eso basta para que los asuntos se resuelvan favorablemente.


Petición final


María Santísima, Refugio de los pecadores, tú que viajaste embarazada a una región montañosa de Judá para visitar a tu prima Santa Isabel (Lc 1,39), acompaña a los que peregrinamos por la vida para que no nos falte tu protección oportuna.  Te lo pedimos por Jesucristo tu Hijo, Nuestro Señor y Salvador que reina por los siglos de los siglos.


Que la gracia del Señor Jesús permanezca con todos. Amén. (Apocalipsis, 22,21)

lunes, 2 de enero de 2023

#228 Tentaciones al borde del camino.

El buen vendedor se ubica cerca de sus prospectos para lograr su meta de venta.  Si se aleja de donde están los clientes no encontrará a quién venderle sus productos o servicios.  Si se pone a vender cuando sus clientes están dormidos tampoco podrá venderles.  El buen vendedor se ubica en el mejor lugar y momento del día para lograr su venta.

Así como el vendedor, el demonio también elige con astucia su ubicación.  La mayoría de las personas ya son sus clientes, entonces tiene que ubicarse bien si quiere seducir a nuevos prospectos.  Un buen prospecto para el demonio se ubica caminando por el camino de Cristo, porque los que no van por ese camino ya son sus clientes.  Entonces el demonio se acerca al borde del camino y desde ahí trata de convencer o engañar al discípulo de Cristo para que se detenga y se deleite con lo que está afuera del camino.

Esta reflexión está basada en el Salmo 140. Antes de seguir leyendo te recomiendo hacer una oración al Espíritu Santo.


SALMO 140

1 Del maestro de coro. Salmo de David.

2 Líbrame, Señor, de la gente malvada,

protégeme de los hombres violentos,

3 de los que sólo piensan en hacer el mal

y provocan discordias todo el día.

4 Ellos afilan su lengua como serpientes,

en sus labios hay veneno de víboras.

5 Defiéndeme, Señor, de las manos del impío,

protégeme de los hombres violentos,

de los que intentan hacerme tropezar

y han tendido una red ante mis pies:

6 los prepotentes me han ocultado trampas y lazos,

me han puesto acechanzas al borde del camino.

7 Pero yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios»:

escucha, Señor, el clamor de mi súplica;

8 Señor, mi Señor, mi ayuda poderosa,

recubre mi cabeza en el momento del combate.

9 No satisfagas los deseos del malvado

ni dejes que se cumplan sus proyectos;

10 que no levanten cabeza los que me asedian,

y su maledicencia los envuelva.

11 Que se acumulen sobre ellos carbones encendidos,

que caigan en lo profundo y no puedan levantarse.

12 Que los difamadores no estén seguros en la tierra,

y la desgracia persiga a muerte al violento.

13 Yo sé que el Señor hace justicia a los humildes

y defiende los derechos de los pobres.

14 Sí, los justos darán gracias a tu Nombre

y los buenos vivirán en tu presencia.


Puntos de reflexión


  1. La humildad ayuda a permanecer en el camino.


Ante la tentación no recurras sólo a tus propias fuerzas, mejor reconoce que necesitas de Dios para ser fiel y pide en oración su ayuda.  Pide ayuda también a tu ángel de la guarda, a la Virgen María, a San José y a todos los santos.


  1. La providencia ayuda a permanecer en el camino.


Date cuenta que no estás sólo en ningún momento y que siempre puedes contar con la ayuda de Dios. Antes, durante y después de la tentación, en todo momento tienes esa gran ayuda. No te dejes engañar por el demonio, aunque pienses que ya perdiste, tú sigue rezando y sigue luchando, huye de la tentación y aléjate del borde del camino.  No des tu consentimiento, dile a Dios que lo prefieres a Él que a la tentación.


  1. La gratitud ayuda a permanecer en el camino.


Da gracias a Dios por todas sus bendiciones y ayudas que recibes para la vida de gracia.  La gratitud genera paz en el alma y un sentimiento de estar satisfecho.  Esta quietud ayuda a no andar volteando hacia el borde del camino o curioseando, sino que nos ayuda a mantener la vista en Dios y en todo lo sagrado.


Petición final


María Santísima, Consoladora de los afligidos, tú que estuviste al pie de la cruz junto a tu Hijo (Jn 19,25), acompaña también a nosotros para no desfallecer.  Te lo pedimos por Jesucristo tu Hijo, Nuestro Señor y Salvador que reina por los siglos de los siglos.


Que la gracia del Señor Jesús permanezca con todos. Amén. (Apocalipsis, 22,21)