martes, 17 de mayo de 2011

#117: Yo bendigo, tu bendices, nosotros bendecimos.

Mi verbo favorito es bendecir. Cuando alguno de mis hijos me pide la bendición antes de dormir, mi corazón se llena con el intercambio de gestos de bendición y amor. A ti también amado lector te bendigo en nombre del Señor.  + El Señor te bendiga, te guarde y te libre de todo mal. Amén.


La señal de la cruz se usa para bendecir a las personas y a las cosas.  La cruz fue un instrumento de muerte en el pasado, pero Cristo la ha transformado en signo sacramental que transmite la gracia divina. Inténtalo ahora, haz la señal de la cruz con tu mano derecha sobre algo o mejor aún sobre alguien, puede ser sobre ti mismo. Siente cómo tu corazón se llena y tu espíritu está más sereno.


Pide la bendición a un ser amado y le moverás su espíritu. Lo acercarás a Dios.


Profeta Eliseo
La reflexión de hoy está basada en un pasaje de la Biblia que narra dos milagros del profeta Eliseo. La cita es 2 Reyes 2, 19-25. Te recomiendo que hagas una oración al Espíritu Santo para pedirle su luz, antes de leer más adelante.


Puntos de reflexión.


1. Eliseo se dirigió al manantial y echó allí la sal, diciendo: «Así habla el Señor: Yo saneo estas aguas; ya no saldrá de aquí muerte ni esterilidad».


Siempre bendecimos en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, porque Dios es la fuente de toda bendición.  Los signos visibles que usamos como: la señal de la cruz, el agua bendita, el óleo y la sal, son sacramentales.  Estos signos transmiten la gracia que viene de Dios.  La materia es redimida así por Dios y puesta al servicio de la extensión de su reino.


2. Y las aguas quedaron saneadas hasta el día de hoy, conforme a la palabra pronunciada por Eliseo.


La bendición es eficaz y transforma la esencia de aquello que bendice. Decimos que un objeto está bendito cuando ha recibido una bendición y ese objeto adquiere un valor mucho mayor.  Los objetos benditos son para usarse en oración y para bendecir a otros, no para tenerlos guardados. Un objeto bendito puede sanar y hacer cosas mayores como otorgar facultades.  Piensa en la bendición que recibe un diácono por medio del obispo que lo convierte en sacerdote.  Piensa en las manos del sacerdote que toman el pan y lo transforman en Cuerpo de Cristo.


3. Desde allí subió a Betel. Mientras iba subiendo por el camino, unos muchachos salieron de la ciudad y se burlaban de él, diciendo: «¡Sube, calvo! ¡Sube, calvo!».


Bendice también a los que te humillen. Vence al mal con el bien. No te dejes llevar por la ira, no sea que provoques un daño mayor que el que recibes y la gracia divina que pudo haber llegado a tu prójimo se reemplace por desgracias.



Pidamos a María Santísima, Bendita entre las mujeres, que bendiga desde su corazón inmaculado a todos los hijos y las hijas de la Iglesia, para que nosotros a la vez bendigamos a los que lo necesiten y la gracia divina transforme el mundo. Amén.

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