miércoles, 21 de diciembre de 2022

#218 La felicidad de cumplir los mandamientos.

La felicidad de obedecer los mandamientos de la ley de Dios consiste en: la paz de vivir en amistad con Dios, la prudencia de conservar la gracia ante la seguridad de que un día vamos a morir y la alegría de disfrutar de la divina providencia.  Más aún, la fidelidad a los mandamientos de Dios nos protege de sufrir: la pena temporal, el remordimiento de conciencia, las consecuencias del pecado y la condenación eterna.


Esta reflexión está basada en el Salmo 119, versículos 1 al 8, los cuales adjunto a continuación.  Te invito a hacer una pausa para pedir luz al Espíritu Santo antes de continuar la lectura.



SALMO 119

[Alef]

1 Felices los que van por un camino intachable,

los que siguen la ley del Señor,

2 Felices los que cumplen sus prescripciones

y lo buscan de todo corazón

3 los que van por sus caminos,

sin hacer ningún mal.

4 Tú promulgaste tus mandamientos

para que se cumplieran íntegramente.

5 ¡Ojalá yo me mantenga firme

en la observancia de tus preceptos!

6 Así no sentiré vergüenza,

al considerar tus mandamientos.

7 Te alabaré con un corazón recto,

cuando aprenda tus justas decisiones.

8 Quiero cumplir fielmente tus preceptos:

no me abandones del todo.



Puntos de reflexión


  1. La forma de cumplir los mandamientos.


Los mandamientos se cumplen primero conociéndolos y después considerando los cambios que haremos en nuestro comportamiento. Para esto ayuda conocerse a sí mismo y hacer un balance diario del día para reconocer nuestras fallas y hacer un propósito de enmienda.


  1. Las ayudas para cumplir los mandamientos.


Tenemos varias ayudas para cumplir los mandamientos: una conciencia rectamente formada, el ángel de la guarda y la gracia santificante de los sacramentos.  Además las buenas amistades, las buenas acciones y la oración.  Te animo a recurrir a todas estas ayudas para permanecer fiel.


  1. Grado de cumplimiento de los mandamientos.


Un paso más allá de sólo cumplir los mandamientos es contemplar la Creación y preferir a Dios.  Alabar a Dios, dedicarle tiempo y orar con el corazón contrito, agradecido y puro. Da posada a Dios en tu corazón y llévalo contigo a todas partes.



Petición final


Madre Santísima, Virgen purísima, hoy reflexionamos este Salmo que nos ayuda a valorar el gran bien que Dios nos hizo al darnos los mandamientos para nuestra felicidad presente y eterna. Ayúdanos a imitar tus virtudes en especial aquellas que nos ayuden a cumplir fielmente los mandamientos de forma integral sin darle espacio en nuestro corazón al mundo. Te lo pedimos por Jesucristo tu Hijo Nuestro Señor y Salvador que vive y reina por los siglos. Amén.


Que la gracia del Señor Jesús permanezca con todos. Amén. (Apocalipsis, 22,21)

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