lunes, 17 de junio de 2013

#190: Cuando sea rico

Si eres como yo, de seguro tienes planes para cuando seas rico. Si en cambio, tú ya eres muy rico, probablemente tienes planes para acrecentar tu riqueza.

La riqueza en primera instancia parece muy atractiva, pero conlleva el riesgo de la relajación moral y la condenación eterna.  Esa riqueza que nos elude también nos seduce con la promesa de mitigar el sufrimiento y multiplicar el placer en nuestra vida terrenal. 

Sin embargo, Dios tiene otros planes para ti y para mí, que no dependen de la riqueza, sólo dependen de:
  • la disposición personal y
  • la acción de la gracia santificante en cada uno de nosotros.

Dios de hecho nos pide:
  • renunciar a la riqueza,
  • aceptar el sufrimiento y
  • gobernar nuestras potencias* con las virtudes.

¿Por qué me pide Dios que renuncie a la riqueza? Por mi propio bien, pues el plan de Dios es mi felicidad eterna.  Para conocer el plan de Dios tengo que escuchar su Palabra.

Recordemos estas palabras de Cristo:

El que recibe la semilla entre espinas es el hombre que escucha la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas la ahogan, y no puede dar fruto. (Mt. 13,22)

Esta reflexión está basada en el segundo capítulo del libro del profeta Oseas. Te invito a pedir ayuda al Espíritu Santo antes de continuar con esta reflexión.

Puntos de reflexión

1. Claridad

Por eso voy a obstruir su camino con espinas, la cercaré con un muro, y no encontrará sus senderos. (Oseas, 2,8)

Si abandonas las buenas costumbres para obtener ganancias, perderás claridad en todo y para todo. Dios en su misericordia pondrá más obstáculos en tu camino para desacelerar tu rumbo hacia la perdición, en espera de que recapacites y corrijas tu rumbo.
 
¿Y cómo podré corregir el rumbo con tanto obstáculo?

Siempre podrás voltear hacia arriba y pedir a Dios, que está en lo alto, que te rescate, pues Él ya murió por ti. El rescate está pagado.

2. Desprendimiento

Por eso, yo la seduciré, la llevaré al desierto y le hablaré de su corazón. (Oseas, 2,16)

Dios seduce más que la riqueza, pues su bondad y su misericordia son casi irresistibles. Si no fuera porque Dios nos ama en libertad, no podríamos alejarnos de Él. 

Tú tienes un vacío que sólo Dios lo llena, pero primero hay que desprenderse de las preocupaciones y las riquezas, o del deseo de tenerlas, para que Dios venga a llenarlo todo.

 Ejercicio (acto) de desprendimiento:

Pospón por el día de hoy tu plan para cuando seas rico. Déjalo a un lado. Y pregunta a Dios en oración:

¿Cómo te puedo servir hoy Señor? Habla que tu siervo escucha (1 Sam 3,10).

Repítelo mañana.

3. Fidelidad

Te desposaré en la fidelidad, y tú conocerás al Señor. (Oseas 2,22)

Dios quiere hacer un vínculo eterno de fidelidad y amor contigo para que le conozcas, le ames y permanezcas unido a Él en adoración y plenitud perpetuas. Así podrás ver a Dios claramente; amarle y gozarte.

Petición final

Madre Santa, Virgen de la Caridad,
modelo terminado de ser humano,
que Dios nos ha regalado para imitarte humildemente,
y mantenernos así en el camino seguro a Jesús.
Mira nuestra vida rodeada de espinas.
Mira nuestros senderos con tantos obstáculos,
que nos lastiman al caminar.
Apiádate Madre de nosotros tus hijos,
y apresúrate en traernos el remedio eficaz.
Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor y Salvador.
Amén.

*nuestras potencias espirituales son la inteligencia y la voluntad

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