lunes, 6 de enero de 2014

#199: La dicha de amar a Dios


Alma mía, ¿quién es mi Amado?

El Salmo 16 me responde:

Mi Amado es mi lugar seguro donde vivo sin temor a la muerte.

Mi Amado es el mayor bien que poseo y del que me dejo poseer.

Mi Amado es la heredad que recibí el día de mi bautismo, gracias a mis padres y padrinos.

Mi Amado es la copa desbordante de la que me alimento con su cuerpo y sangre divinos.

Mi Amado es un reino de felicidad al que entro de rodillas, haciéndome chiquito.

Mi Amado es el maestro bueno que me explica claramente las cosas, hablándole a mi corazón y a mi conciencia.

Mi Amado me acompaña siempre, así que nunca estoy solo, aunque me gusta estar sólo con Él.

Mi Amado me estremece de felicidad desde adentro y se me sale a sonrisas.

Mi Amado vigila mientras duermo porque me ama.

Mi Amado me contagia de ganas de vivir y dejar vivir. El es la fuente de toda la existencia.

Mi Amado es mi mejor amigo y su amistad no la cambio por ninguna. Si tú eres amigo de Dios entonces también tienes en mí a un amigo.

Hay un camino que lleva directo a donde está mi Amado y Él me dice cómo llegar.

Tengo la esperanza de llegar a donde está Él y abrazarlo; un momento de plenitud y gozo, un momento eterno.

Mi Amado, Jesucristo, tiene un lugar reservado para mí, no sé si a su derecha, a su izquierda o bajo sus pies, creo que me da lo mismo. ¡Ah!, y su Papá es un tipazo. Su Mamá ni se diga.

A continuación te dejo todo el salmo para que lo goces.

SALMO 16

1 Mictán de David.
Protégeme, Dios mío,
porque me refugio en ti.

2 Yo digo al Señor:
«Señor, tú eres mi bien,
no hay nada superior a ti».

3 Ellos, en cambio, dicen a los dioses de la tierra:
«Mis príncipes, ustedes son toda mi alegría».

4 Multiplican sus ídolos y corren tras ellos,
pero yo no les ofreceré libaciones de sangre,
ni mis labios pronunciarán sus nombres.

5 El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz,
¡tú decides mi suerte!

6 Me ha tocado un lugar de delicias,
estoy contento con mi herencia.

7 Bendeciré al Señor que me aconseja,
¡hasta de noche me instruye mi conciencia!

8 Tengo siempre presente al Señor:
él está a mi lado, nunca vacilaré.

9 Por eso mi corazón se alegra,
se regocijan mis entrañas
y todo mi ser descansa seguro:

10 porque no me entregarás la Muerte
ni dejarás que tu amigo vea el sepulcro.

11 Me harás conocer el camino de la vida,
saciándome de gozo en tu presencia,

de felicidad eterna a tu derecha.

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