viernes, 11 de marzo de 2016

#213 Hijo cuida tu herencia.

Hijo mira que heredaste la fe.  Tú has vivido hasta hoy gozando del amor y la protección de Dios. No has conocido el verdadero terror ni el desconsuelo. Tu vida avanza según la divina providencia y la salud aún te conserva conmigo.

Hijo mira a Cristo crucificado. Ponte un momento en su lugar. Quiero que vivas alegre pero no todo es risas. Quiero que valores lo que has recibido y que descubras tu misión.

Hijo mira a Cristo resucitado. Contempla su triunfo sobre la muerte y su gloriosa ascensión. Parece que se aleja pero está más cerca que antes. Cristo vive dentro de tu alma. Su presencia dentro de ti es tu tesoro más grande.  Todo lo demás pasa. Mañana no estaré contigo pero Cristo dentro de ti permanece.

Hijo conserva tu vida de gracia y me hallarás. No importa que me vaya, si conservas la salud de tu alma volveremos a vernos y nuestro gozo será pleno.

Esta reflexión está basada en el Salmo 89 que a continuación incluyo para que lo medites.

SALMO 89

1 Poema de Etam, el aborigen.

2 Cantaré eternamente el amor del Señor,

proclamaré tu fidelidad por todas las generaciones.

3 Porque tú has dicho: «Mi amor se mantendrá eternamente,

mi fidelidad está afianzada en el cielo.

4 Yo sellé una alianza con mi elegido,

hice este juramento a David, mi servidor:

5 «Estableceré tu descendencia para siempre,

mantendré tu trono por todas las generaciones».

6 El cielo celebre tus maravillas, Señor,

y tu fidelidad en la asamblea de los santos,

7 porque ¿quién es comparable al Señor en las alturas?

¿quién como el Señor entre los hijos de Dios?

8 Dios es temible en el consejo de los santos,

más grande y terrible que cuantos están a su alrededor,

9 Señor, Dios del universo, ¿hay alguien como tú?

Tú eres fuerte y estás rodeado de fidelidad.

10 Tú dominas la soberbia del mar

y calmas la altivez de sus olas;

11 tú aplastaste a Rahab como a un cadáver,

deshiciste a tus enemigos con tu brazo poderoso.

12 Tuyo es el cielo, tuya la tierra:

tú cimentaste el mundo y todo lo que hay en él;

13 tú has creado el norte y el sur,

el Hermón y el Tabor aclaman tu Nombre.

14 Tu brazo está lleno de poder,

tu mano es fuerte, alta es tu derecha;

15 la Justicia y el Derecho son la base de tu trono,

el Amor y la Fidelidad te preceden.

16 ¡Feliz el pueblo que sabe aclamarte!

Ellos caminarán a la luz de tu rostro;

17 se alegrarán sin cesar en tu Nombre,

serán exaltados a causa de tu justicia.

18 Porque tú eres su gloria y su fuerza;

con tu favor, acrecientas nuestro poder.

19 Sí, el Señor es nuestro escudo,

el Santo de Israel es realmente nuestro rey.

20 Tú hablaste una vez en una visión

y dijiste a tus amigos:

«Impuse la corona a un valiente,

exalté a un guerrero del pueblo.

21 Encontré a David, mi servidor,

y lo ungí con el óleo sagrado,

22 para que mi mano esté siempre con él

y mi brazo lo haga poderoso.

23 El enemigo no lo aventajará,

ni podrán oprimirlo los malvados:

24 yo aplastaré a sus adversarios ante él

y golpearé a los que lo odian.

25 Mi fidelidad y mi amor lo acompañarán,

su poder crecerá a causa de mi Nombre:

26 extenderé su mano sobre el mar

y su derecha sobre los ríos.

27 El me dirá: «Tú eres mi padre,

mi Dios, mi Roca salvadora».

28 Yo lo constituiré mi primogénito,

el más alto de los reyes de la tierra.

29 Le aseguraré mi amor eternamente,

y mi alianza será estable para él;

30 le daré una descendencia eterna

y un trono duradero como el cielo.

31 Si sus hijos abandonan mi enseñanza

y no proceden de acuerdo con mis juicios;

32 si profanan mis preceptos

y no observan mis mandamientos,

33 castigaré sus rebeldías con la vara

y sus culpas, con el látigo.

34 Pero a él no le retiraré mi amor

ni desmentiré mi fidelidad;

35 no quebrantaré mi alianza

ni cambiaré lo que salió de mis labios.

36 Una vez juré por mi santidad

–¡jamás mentiré a David!–:

37 «Su descendencia permanecerá para siempre

y su trono, como el sol en mi presencia;

38 como la luna, que permanece para siempre,

será firme su sede en las alturas».

39 Pero tú te has irritado contra tu Ungido,

lo has rechazado y despreciado;

40 desdeñaste la alianza con tu servidor,

profanaste por tierra su insignia real.

41 Abrirse brechas en todas sus murallas,

redujiste a escombros todas sus fortalezas;

42 los que pasan por el camino lo despojan,

y es la burla de todos sus vecinos.

43 Alzaste la mano de sus adversarios,

llenaste de alegría a sus enemigos;

44 mellaste el filo de su espada

y no lo sostuviste en el combate.

45 Le quitaste su cetro glorioso

y derribaste por tierra su trono;

46 abreviaste los días de su juventud

y lo cubriste de vergüenza.

47 ¿Hasta cuándo, Señor? ¿Te ocultarás para siempre?

¿Arderá tu furor como el fuego?

48 Recuerda, Señor, qué corta es mi vida

y qué efímeros creaste a los hombres.

49 ¿Quién vivirá sin ver la muerte?

¿Quién se librará de las garras del Abismo?

50 ¿Dónde está, Señor, tu amor de otro tiempo,

el que juraste a David por tu fidelidad?

51 Recuerda, Señor, las afrentas de tu servidor:

yo tengo que soportar los insultos de los pueblos.

52 ¡Cómo afrentan las huellas de tu Ungido!

53 ¡Bendito sea el Señor eternamente!

¡Amén! ¡Amén!

Petición final

Virgen Santísima, Madre de misericordia, te encomiendo a mis hijos y a toda mi descendencia. Que sepan vivir siempre en la casa del Padre y administrar su herencia con sabiduría y diligencia.  Te lo pido por Jesucristo tu Hijo, Nuestro Señor y Salvador. Amén.

“Que la gracia del Señor Jesús permanezca con todos. Amén.” (Apocalipsis. 22:21)